¿Quién dijo que los vikingos no podian bailar?
Noruega. Vikingos. Baile. Profesora. Sí, todo pasó en el mismo escenario.
Equipo de esquirla · 31 de agosto de 2026 · 2 min

Noruega llegó a la Feria Microempresarial, pero no precisamente en barco.
El 29 de agosto de 2026, el Colegio Técnico Industrial Corazón de María se convirtió por un día en un pequeño mapa del mundo. Cada curso tomó un país como punto de partida para construir su propio espacio dentro de la feria, mezclando ventas, decoración y presentaciones. Entre todos esos destinos apareció Noruega, representada por Noveno.
El curso no solo llevó la temática nórdica a su puesto de ventas, donde ofrecían tiramisú, sino que también decidió llevarla al escenario. Y si algo quedó claro durante la presentación es que los vikingos, al menos en esta versión, tenían bastante más ritmo del que probablemente imaginamos.
Noveno se tomó el escenario para transportarnos durante unos minutos a un mundo de referencias nórdicas, baile y bastante movimiento. La música y la temática fueron construyendo poco a poco una pequeña representación de ese Noruega que habían elegido para la feria. Pero hubo un detalle que terminó robándose parte de la atención: la profesora Martha también se involucró en la escena.
Porque una cosa es acompañar a un curso durante una actividad y otra muy distinta es terminar bailando con ellos frente a todo el colegio.
La presentación no buscaba quedarse quieta ni hacer que el público simplemente observara. Entre los pasos, la música, la ambientación y la energía del grupo, el escenario terminó convirtiéndose en su propio pequeño territorio vikingo. Por unos minutos, el puesto de tiramisú quedó lejos y Noveno dejó de ser solamente un curso atendiendo una venta para convertirse en parte del espectáculo de la feria.
También había algo interesante en la propuesta: la temática mundialista no se quedó únicamente en la decoración del puesto. El país elegido apareció en distintos momentos de la experiencia, desde lo que vendían hasta la manera en que decidieron presentarse frente al público. La feria terminó siendo algo más que una actividad de emprendimiento: también fue una oportunidad para que cada curso encontrara su propia forma de representar el lugar que le había correspondido.
¿Fue históricamente exacto? Probablemente no demasiado.
¿Fue una representación académicamente rigurosa de la cultura noruega? Tampoco vamos a fingir que acabamos de descubrir una nueva rama de la antropología.
¿Fue entretenido? Definitivamente.
Y quizá ahí está una de las cosas que hacen especiales estas presentaciones. No todo tiene que ser perfecto para convertirse en un buen recuerdo. A veces basta con una idea, un grupo dispuesto a seguirla y alguien que se atreva a salir al escenario.
El 29 de agosto, Noruega no llegó en barco. Llegó con Noveno, un puesto de tiramisú, una profesora inesperadamente involucrada y unos cuantos minutos de baile.
Y eso también cuenta cuando se trata de subir al escenario.